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Mar 15 / Van

El discurso del silencio

Un día el silencio decidió hablar. Había estado callado tanto tiempo que pensó que ya era hora de que el mundo lo escuchara de nuevo. Lo que dijera en esta ocasión debería ser algo importante, algo que todos recordaran, algo verdaderamente memorable.

¿Debería recitar un poema? ¿relatar su vida? ¿hablar sobre política, historia o religión?.Quizás solamente saludar y decir su nombre, después de todo, a la gente no le importaría demasiado lo que dijese. El simple hecho de que el silencio haya decidido volver a hablar debería ser lo suficientemente trascendente como para salir en todos los noticieros del planeta.

Mojó sus labios, paso la lengua por los dientes, se acomodó la corbata y antes de pronunciar cualquier cosa cerró los ojos (aunque no lo pareciera, padecía de pánico escénico). De su boca salió una voz ronca a la vez que dulce, tranquila a la vez que emotiva. Más que un sonido, su voz era un pensamiento puro. No había duda alguna en su discurso, ni argumento en el mundo que fuese capaz de contradecir de forma alguna el ingenioso flujo de ideas perfectamente hiladas por sus palabras.

Cuando al fin terminó, abrió los ojos y giró la cabeza para observar a sus oyentes, pero no hubo ovación, no hubo sorpresa, nadie lo volteó a mirar siquiera. Fue entonces cuando comprendió todo, cuando supo porqué nadie lo escuchaba nunca.

Se dio cuenta de que el mundo, en realidad, siempre había estado sordo.

Calló de nuevo.

Nov 20 / Van

El secreto de la ballena

Mi abuelo tenía palabra de hierro. Al menos eso es lo que contaban todos los vecinos del pueblo. A nadie le había fallado una promesa, ni había hombre alguno que pudiese asegurar que hubiese mentido alguna vez. Tampoco tenía chismes o rumores que circulasen a su alrededor. El hombre era más transparente que el cristal y mas sincero que un santo.

Por eso, cuando me menciono aquellas palabras a la orilla de la playa, no podía contenerme de asombro:

– Acércate Ramiro. Tengo que contarte un secreto.

A mis 13 años ya tenia conocimiento del caracter virtuoso del que todos mis amigos y los papas de mis amigos parecian conocer de mi abuelo. Por tanto, escuchar su petición me conmocionó y accedí a que me contara cualquier cosa que quisiera.

– Ayer, antes del ocaso, escuche a una ballena susurrar mi nombre, y al acercármele me dijo unas palabras al oido.

Le creí. No quizo repetirme aquellas palabras, y yo, quizas por respeto o quizas por miedo a descubrir que me mentía, no volví a mencionarle el tema jamás. Tampoco se lo conté a nadie, incluso después de que muriera. Su secreto estaba seguro conmigo.

Fue hasta hace unos días, que me encontré caminando por esa misma arena donde caminaba con él, cuando escuché que un bulto grisáceo desde la playa susurraba mi nombre. Me acerqué y escuché asombrado al cetáceo pronunciar exactamente las mismas palabras que alguna vez le dijo a mi abuelo: “Todos mienten”.

Feb 19 / Van

Siete días

Una semana.
Siete días.
Ciento cuarenta y ocho horas.
Diez mil ochenta minutos.
Seiscientos cuatro mil ochocientos segundos.

Sólo hasta entonces… tú.

Jul 13 / Van

Verso distraido

He de dedicarte un verso distraido,
una tarde lluviosa o un día domingo.

Mientras no lo esperes,
llegará solito.

Nacerá viendo tu espalda,
sin saber de donde vino.

Nacerá al tomar tu mano,
o al mirarte de lejitos.

Escuchalo poco a poquito,
cómo cuando se escucha a un niño.

Guárdalo con mucho afecto.
Cuídalo, que es bendito.

Sabrás que lo dije yo porque será sincero.
Sabrás que lo dije yo porque te lo dire al ladito.

Y si mi verso te llega, y si mi verso es distraido.
Mírame a los ojos y yo te responderé muy lento:

Que recuerdes que te amo.
Que somos nubes de un mismo viento.

– Astronauta