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Nov 20 / Van

El secreto de la ballena

Mi abuelo tenía palabra de hierro. Al menos eso es lo que contaban todos los vecinos del pueblo. A nadie le había fallado una promesa, ni había hombre alguno que pudiese asegurar que hubiese mentido alguna vez. Tampoco tenía chismes o rumores que circulasen a su alrededor. El hombre era más transparente que el cristal y mas sincero que un santo.

Por eso, cuando me menciono aquellas palabras a la orilla de la playa, no podía contenerme de asombro:

– Acércate Ramiro. Tengo que contarte un secreto.

A mis 13 años ya tenia conocimiento del caracter virtuoso del que todos mis amigos y los papas de mis amigos parecian conocer de mi abuelo. Por tanto, escuchar su petición me conmocionó y accedí a que me contara cualquier cosa que quisiera.

– Ayer, antes del ocaso, escuche a una ballena susurrar mi nombre, y al acercármele me dijo unas palabras al oido.

Le creí. No quizo repetirme aquellas palabras, y yo, quizas por respeto o quizas por miedo a descubrir que me mentía, no volví a mencionarle el tema jamás. Tampoco se lo conté a nadie, incluso después de que muriera. Su secreto estaba seguro conmigo.

Fue hasta hace unos días, que me encontré caminando por esa misma arena donde caminaba con él, cuando escuché que un bulto grisáceo desde la playa susurraba mi nombre. Me acerqué y escuché asombrado al cetáceo pronunciar exactamente las mismas palabras que alguna vez le dijo a mi abuelo: “Todos mienten”.

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