Skip to content
Mar 15 / Van

El discurso del silencio

Un día el silencio decidió hablar. Había estado callado tanto tiempo que pensó que ya era hora de que el mundo lo escuchara de nuevo. Lo que dijera en esta ocasión debería ser algo importante, algo que todos recordaran, algo verdaderamente memorable.

¿Debería recitar un poema? ¿relatar su vida? ¿hablar sobre política, historia o religión?.Quizás solamente saludar y decir su nombre, después de todo, a la gente no le importaría demasiado lo que dijese. El simple hecho de que el silencio haya decidido volver a hablar debería ser lo suficientemente trascendente como para salir en todos los noticieros del planeta.

Mojó sus labios, paso la lengua por los dientes, se acomodó la corbata y antes de pronunciar cualquier cosa cerró los ojos (aunque no lo pareciera, padecía de pánico escénico). De su boca salió una voz ronca a la vez que dulce, tranquila a la vez que emotiva. Más que un sonido, su voz era un pensamiento puro. No había duda alguna en su discurso, ni argumento en el mundo que fuese capaz de contradecir de forma alguna el ingenioso flujo de ideas perfectamente hiladas por sus palabras.

Cuando al fin terminó, abrió los ojos y giró la cabeza para observar a sus oyentes, pero no hubo ovación, no hubo sorpresa, nadie lo volteó a mirar siquiera. Fue entonces cuando comprendió todo, cuando supo porqué nadie lo escuchaba nunca.

Se dio cuenta de que el mundo, en realidad, siempre había estado sordo.

Calló de nuevo.

Leave a Comment